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Historia obrera en la Argentina

Por LUIS FANCHIN *

Y me pidió Juan que escribiera algo sobre el 1 de mayo.

Y  los memoriosos empiezan siempre, como el Billiken: “El 1 de mayo de 1886, en Chicago …”

Y luego se despachan con un largo refrito de frases hechas que venimos acumulando a lo largo de más de una centuria.

Es hora de salir de ese pantano.

Y para nosotros, los argentinos, que es el 1 de mayo?

Día raro éste: es uno de los pocos feriados inamovibles, que no se trasladan.

Hay solo tres días en los que no se publican los diarios: el 25 de diciembre, el 1 de enero y el 1 de mayo.

Además, por rara coincidencia, desde 1853 hasta 1994, los 1 de mayo comenzaban los periodos legislativos en el Congreso Nacional,

claro,  cuando había Congreso.

Vaya, parece ser una fecha importante!

Y para los laburantes, empezó siendo una jornada de lucha y es hoy un día de jolgorio y encuentro, de locro y empanadas. Al menos entre nosotros.

En otros países la cosa se suele poner áspera y en ese día y a palos y gases se restaura el “orden”.

No falta quien se cuelga de la popularidad del día:

El día 1 de Mayo del año 1955, el Papa Pío XII, instituyó la fiesta de San José Obrero.

O pasa desapercibido, como en USAmerica o Canadá, que festejan el Labor Day el primer lunes de septiembre.

“La nación donde se verificó el asesinato que el proletariado universal conmemora el primero de mayo, tiene un «Día del Trabajo» especial.

 Para designarlo con exactitud deberíamos llamarlo El día de la sumisión del trabajador.”(Julio Antonio Mella, “Un «Día del Trabajo» en los Estados Unidos”, El machete, Nº 83. México, D.F., 8 de octubre de 1927)

Podría decirse que la historia del 1 de mayo es, en una sucesión de postales, la síntesis de buena parte de la historia de la clase obrera en la Argentina.

La primera vez que se celebró por el Día de los Trabajadores en la Argentina fue en la sede del Prado Español, en Avenida Quintana entre Ayacucho y Junín en el coqueto barrio porteño de la Recoleta, cuando aún no era una zona finoli.

Fue a la tarde del 1° de mayo de 1890 y juntó cerca de 2.000 personas. Buena cantidad para la época!

Los oradores que registró la crónica y que hablaron en castellano, italiano, francés y alemán –espejo del movimiento obrero en 1890– fueron alrededor de 15.

Por supuesto que los asistentes perdieron su jornal “por faltar al trabajo”.

En el meeting –como se decía entonces- los oradores señalaron “las deplorables condiciones de trabajo en todos los gremios” y reclamaron la limitación de la jornada a ocho horas.

Vaya atrevimiento, los negros que laburaban catorce o diez y seis horas diarias querían trabajar sólo ocho!

Los diarios que escribían para la ciudad blanca, comentaron azorados la reunión, acontecimiento al que consideraban “extraño a las costumbres del país”La Nación dijo, por ejemplo, que “había en la reunión poquísimos argentinos, de lo que nos alegramos mucho”.

Con más periodismo y menos propaganda, el diario El Nacional, señalaba que en los discursos se observaban “bien dibujadas las diferencias que aquí, como en todas partes, dividen a los obreros en dos grupos: anarquistas y socialistas”.

Al año siguiente, el acto no se realizó por la negativa anarquista.

Esos sí que la tenían clara: entre pior, mejor. Como sabemos, a los anarcos se los llevó puestos el tren de la historia, pero dejaron su impronta. Hay también hoy grupúsculos que tienen la misma consigna. Ese es su origen y ese será también su destino.

A partir de ahí cada facción del movimiento obrero organizó actos por separado.

Pero sin diferenciar las banderías, invitada especial estaba siempre la “polecía”, los “cosacos” les decían, que a caballo y sable en mano, con el máuser en el arzón, repartía planazos y corridas. Como resultado quedaban tirados varios heridos y contusos y algún muerto. Digamos que “Amasijaban un punto pa’ amenizar la velada”.

Pero la “cuestión social”, así la llamaban a esa pretensión que tienen los negros de querer vivir mejor y dignamente, preocupaba a los dueños de la tierra. Entonces le encomendaron a uno de sus mejores plumas que escribiera una norma. Y Miguel Cané, diputado, literato y “bon vivant” se mandó la “Ley de Residencia” y que resultó ser, allá por 1902, la primera ley laboral argentina.

“Queda prohibido para el extranjero,

jornalero, albañil, bracero o pobre,

pedir aumento de salario, unirse

luchar por su camisa, el delantal,

la cuchara, el repollo, los manteles.

Tiene permiso para sufrir hambre,

golpes y lágrimas, humillaciones,

como los chinos de esta sucia tierra.

Puede olvidarse de a poco que es un hombre,

y si lo recordase, hereje, bárbaro,

archívese, publíquese y devuélvase

encadenado a su lugar de origen”.

Esta es la ley, célebre por su número

odiado, maldecido, esta es la ley

4144.”

(Juan Gelman, “Un viejo asunto”, del libro “Gotán y otras cuestiones. Poesía I”, (1956- 1962)

 

Y la vida y la historia, como un río, siguieron fluyendo.

En 1909, la policía atacó el mitin anarquista en la plaza Lorea, provocando catorce muertos y ochenta heridos.

“Ancianos,  hombres inermes, madres con sus hijos en brazos- decía un volante- han sido fusilados por la espalda cuando para salvarse se alejaban. ¡Viva la huelga general! ¡Fuera el jefe de la policía, el verdugo de Falcón!”.

El acontecimiento unió a socialistas y anarquistas, y el lunes 3 la ciudad se paralizó completamente. En el sepelio de las víctimas se enredaron los conflictos con la policía y a tiro limpio se iluminó la noche. Por ocho días se detuvo la vida de Buenos Aires en uno de los conflictos de más alto voltaje del movimiento obrero argentino: la “huelga general de la semana de mayo” o la “semana roja“.

Las aguas bajaban turbias y unos meses más tarde, Simón Radowitsky, bomba en mano, mató al coronel Falcón. La respuesta fue contundente: invocando la Ley de Residencia, numerosos militantes obreros extranjeros fueron expulsados y centenares de argentinos, a la gayola, a pagar entre rejas su hombría.

Falcón fue homenajeado y para honrar su memoria, se le puso su nombre a la Escuela de Policía Federal. Todo un mensaje: bajo el nombre de un criminal se formaban los policías. Habrá que esperar hasta el 2011 para que se borre la infamia. Hoy la escuela se llama “Comisario General Juan Ángel Pirker”.

El 1 de mayo del Centenario, bajo el estado de sitio y la presidencia del cordobés Figueroa Alcorta, Argentina era, según los garcas, el 8º país del mundo.

Los poetas cantabanOda a los ganados y a las mieses”:

”Alcemos el canto en loor del trigo

que la pampeana inmensidad desborda,

en mar feliz donde se cansa el viento

sin haber visto límite a sus ondas…”

(Leopoldo Lugones, “Odas Seculares”, 1910)

Todavía ahora esa imagen perdura: “Los años del Centenario de Mayo fueron los más brillantes que tuvo la Argentina” (Juan José Cresto, La Nación, 5 de noviembre de 2009) “Hace 80 años la Argentina estaba décima en el ranking mundial de ingresos per cápita. Hoy no supera el puesto 70.” (Jose Luis Espert, La Nación, 24 de abril de 2016)

La ciudad blanca se comparaba con Paris y festejaba encerrada en la represión, el “estado de sitio”, la exclusión.

Y una segundona de la nobleza europea, la Infanta Isabel de Borbón, enseñoreaba su gruesa figura por las calle porteñas, en la celebración del Centenario.

La ciudad negra comía las migajas del festín, y a veces ni eso.

“Declaran la huelga,

hay hambre en las casas,

es mucho el trabajo y poco el jornal;

y en ese entrevero de lucha sangrienta,

se venga de un hombre la Ley Patronal.”

(Música: Enrique Delfino, Letra: Mario Battistella: “Al pie de la Santa Cruz”, 1933)

El sentimiento de “patria” se apoderó de la oligarquía y grupos de niños bian, amparados por la policía, atacaban, destruían e incendiaban bibliotecas, locales sindicales o la redacción y los talleres de La Vanguardia y La Protesta, los diarios del Partido Socialista y de los anarquistas. Y como “para que haya, señores, de todo como en botica”, de cuando en cuando, se cargaban alguno que otro laburante, “pa´que sirva de escarmiento”.

En los años sucesivos se alternaron la represión con la seducción y la tolerancia. Allá por los años 20 se paseaba altanero un grupo parapolicial, la “Liga Patriótica”, de Manuel Carlés, impartiendo a los obreros lecciones de “amor al país” y palos y balas, pa afianzar la enseñanza.

La “Asociación del Trabajo”, presidida por Joaquín de Anchorena, premiaba a los trabajadores no agremiados y dispuestos a trabajar cuando los sindicatos decretaban huelga. “Crumiros” les decían entonces, nombre fino de los carneros.

El cura Grote fundaba los “Círculos Católicos de Obreros” y predicaba la mansedumbre y la obediencia a los dueños de todas las cosas.

Dirá el poeta algunos años más tarde:

“rezad, bestias, rezad,

que un dios de culo inmenso

como el culo del rey os espera:

Allí tomaréis sopa, hermanos míos.”

(Pablo Neruda, “España en el corazón”, 1937)

Durante los 1° de mayo de aquellos años, las aseñoradas señoras de la Sociedad de Beneficencia repartían ropas y vituallas a los pobres, junto con catecismos “para que fueran buenos y no existieran luchas sociales”.

No obstante la represión y las desnaturalizaciones, la fecha obrera se fue afirmando paulatinamente; la sociedad y las clases dominantes, aun a regañadientes, empiezan a aceptar que los trabajadores “no son ni mancos ni ajenos”.

Los vientos estaban cambiando y como consecuencia del pacto entre el presidente Sáenz Peña e Hipólito Irigoyen nace la ley de voto secreto y obligatorio.

Y el presidente sentenció “Quiera el pueblo votar” y el primer populismo del siglo XX, empreñó las urnas y se apoderó de las calles y de la Rosada.

Era 1916 e Irigoyen se sentó en el sillón de Saavedra –o acaso no fue ése el primer jefe de gobierno?-. Y su sensibilidad y compromiso le llevó a terciar a favor de los trabajadores en conflictos laborales de los marítimos y de los ferroviarios, e intervino, y no del todo mal en los Talleres Vasena, que se conoce como la Semana Trágica, a pesar que fue una tragedia. Claro que se le escapó la perdiz en la Patagonia y en la Forestal. Digo, en su disculpa, que estaba inventando un nuevo camino: fue la primera vez que el poder estatal intervenía – a tientas e inventando- en conflictos laborales en busca de una conciliación de los intereses enfrentados y no sólo a sablazo limpio.

 “Irigoyen, Presidente La Argentina te reclama;

La voz del pueblo te llama y no te debes negar.

Él necesita tu amparo, criollo mojón de quebracho

plantado, siempre a lo macho, en el campo radical.

…..

Mañana cuando en las urnas suenen las dianas triunfales

 y los votos radicales las demás listas arrollen,

bien al tope las banderas y en alto los estandartes,

gritarán por todas partes ¡Viva Hipólito Irigoyen!

(Letra y música de Enrique Pedro Maroli, 1928).

Y casi cuarenta años después de nuestro primer 1 de mayo, el 29 de agosto de 1929, impulsada por el bloque de legisladores socialistas, el Congreso Nacional sancionó la ley 11.544 de limitación de la jornada de trabajo, que no podrá exceder de ocho horas diarias o cuarenta y ocho semanales. Poco después, la ley 11.640 dispuso ampliar el descanso semanal desde las 13 horas del día sábado.

Se concretaba, al menos en los papeles, la consigna que se gritó en Chicago en 1886: 8 horas de trabajo.

Y el 1 de mayo? El presidente Alvear decretó feriado el 1 de mayo de 1925.  Y por fin, en 1930, el presidente Hipólito Yrigoyen decidió instituir, en adelante, el 1° de mayo como “fiesta del Trabajo en todo el territorio de la Nación”.

Pero la primavera es corta y el 6 de septiembre de 1930, una asonada militar derrocó al gobierno más democrático que había tenido el país hasta entonces y un generalote de ideas totalitarias y elitistas, de bigotes atizados y disfrazado con uniformes de corte prusiano, se hizo del poder. El presidente de facto, Gral. José Félix Uriburu, se sacó la foto en La Rosada.

“Yo quiero arriesgar algo que cuesta mucho decir en estos tiempos de paradoja libertaria y de fracasada, bien que audaz, ideología: ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada”.

(Leopoldo Lugones, Lima, diciembre de 1924, conmemoración del centenario de la batalla de Ayacucho)

Y fue la Hora de la Espada. Y el albañil anarquista José Penina fue fusilado, de noche y sin juicio en las orillas del Saladillo, cerca de Rosario, por repartir volantes. Su cuerpo no se encontró. Es vieja la escuela de los “desaparecedores”. Fue de los primeros, pero no habrá de ser el último.

Varios más engrosaron la lista de ajusticiados en las penitenciarías, tras juicios sumarios. Quizá el más conocido fue Severino Di Giovanni, pero no fue el único. Había que poner orden.

“Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra.

Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son: Gauna, de La Razón, Álvarez de Última hora, Enrique Gonzáles Tuñón, de Crítica y Gómez, de El Mundo. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara:

-Está prohibido reírse.-Está prohibido concurrir con zapatos de baile.”

(Roberto Arlt, Aguafuertes Porteñas)

 

“Severino; Severino aquel héroe ya olvidado.

Fueron los milicos que te fusilaron

Severino, Severino el pueblo lloró tu muerte

en los años treinta sobre aquel amanecer.”

(Osvaldo Bayer – Pablo Bernaba, “Milonga para Severino, 2010)

Al año siguiente, luego de insistentes gestiones, se autorizaron los actos del 1 de mayo. Así, en 1931, pudieron desfilar los socialistas con grandes carteles que decían: “Por una Argentina grande y justa, económicamente próspera y políticamente libre”. Interesante la consigna, aunque los socialistas la olvidaron pronto.

Durante la década del 30 las condiciones fueron difíciles para la recordación y las manifestaciones obreras, que en esa fecha desfilaban por las calles, con las casas cerradas “a piedra y lodo”. Las clases dominantes habían sembrado el miedo: la ciudad blanca le temía a los negros.

Eran los gloriosos “Tiempos de la República” como la titula Federico Pinedo, -sí, abuelo del actual PRO senador y presidente previsional por 12 hrs.-, periodo más conocido como la “Década Infame”.

Para ver cómo estaban las cosas recordemos que en su “Programa Mínimo” de 1931, la recién nacida CGT reclamaba: reconocimiento de los sindicatos, jornada laboral de 8 horas con cinco días de trabajo semanal, seguro por desocupación, vejez y maternidad, protección a la niñez, construcción de viviendas …

Sirva también esto para mensurar cuanto hemos avanzado.

Como no podía ser de otra manera, el sueño trasnochado y elitista de Uriburu y sus compinches se estrelló contra el paredón de la realidad. Su proyecto totalitario fue sepultado.

A principios de 1932, el general Agustín P. Justo,  asumió como Presidente, gracias a la proscripción de radicalismo irigoyenista y el uso abierto de la represión y el fraude electoral.

 El pueblito estaba lleno, de personas forasteras,

los caudillos desplegaban lo más rudo de su acción,

arengando a los paisanos, de ganar las elecciones por la plata,

por la tumba, por el voto o el facón.

Y al instante que cruzaban desfilando los contrarios

un paisano ¡viva Hipólito Irigoyen! gritó;

 y los otros respondieron, sepultando sus puñales

en el cuerpo valeroso del paisano que gritó.

(Música de Pedro Noda y Agustín Magaldi, letra de Luis Acosta García, “Dios te salve m’ hijo”, 1933)

La crisis del 29/30 se hace sentir y en el país caen las exportaciones y reina la desocupación.

“El sistema de compras, sin excepción, en comercios mayoristas y minoristas, era el carnet de crédito, o la libreta mensual. Las deudas no se pagaban, proliferaban los vivos. Y entre el fiado y las míseras tramoyas mensuales, el argentino medio medraba entre el ardid, el prestamista, la exasperación, el cinismo imaginativo y la pobreza humillante.  Todos los sueldos estaban embargados. Seiscientos mil porteños, en un mercado de trabajo sin perspectivas, ahogado por la economía en crisis del monocultivo, vivían de sus pequeños empleos. Pero era la clase obrera la que más sufría esta situación. “. (J. J. Hernández Arregui, “La Formación de la conciencia nacional”, 1960)

 “La crisis es aplastante, terrible. Un sentimiento de depresión moral le sucede, notándose una paralización absoluta de las iniciativas comerciales e industriales que debe contarse tanto como las quiebras innúmeras que se producen, la deserción de capitales, la desocupación obrera…” (Diario Crítica, 25 de enero de 1930).

 “Viejo Gómez,

vos que estás

de manguero doctorado

y que un mango descubrís

aunque lo hayan enterrado.

Definime si podés

esta contra que se ha dado,

que por más que me arremango

ni por equivocación,

que por más que la pateo

un peso no veo en circulación.

¿Dónde hay un mango, viejo Gómez?

(Letra de Ivo Pelay, música de Francisco Canaro “¿Dónde hay un mango?”, 1933)

Agustín P. Justo y Roberto M. Ortiz, ambos provenientes del radicalismo galerita, azul, ex-ministros de Alvear, fueron designados presidentes por “la Concordancia, una coalición de los partidos Unión Cívica Radical Anti-personalista, Demócrata NacionalSocialista Independiente. Para completar la fórmula y asegurar el negocio, los garcas le pusieron los vice: Julito Roca – si, el del pacto con Runciman- y Ramón S. Castillo –un  ex juez, ex senador y profesor de derecho comercial -.

 

Pero el movimiento obrero, con la tozudez que merecen las mejores causas, se reconstruye, se organiza y avanza.

En marzo de 1936 se hace, por fin, el demorado Congreso  constituyente de la CGT y se aprueban sus estatutos. El 70% de los sindicatos que la integraban estaban organizados por rama de industria o actividad.

La notable transformación que estaba produciendo en el movimiento obrero argentino en la década del 30, se hará evidente en la organización del Acto del 1 de mayo de 1936.

En un gesto sin precedentes, la CGT asume entonces la misión de unir alrededor suyo a los demás sectores populares, convocando a los partidos socialista, radical, demócrata progresista y comunista, y al movimiento estudiantil, a compartir el acto y la tribuna. El resultado fue una manifestación sin precedentes en la historia argentina, que convocó a más de 160.000 personas. En él, hablaron José Domenech (CGT), Arturo Frondizi (UCR), Lisandro de la Torre(PDP), Mario Bravo (PS), Paulino González Alberdi (PC) y por primera vez en un 1 de mayo se entonó el himno nacional, junto con La Internacional e Hijo del Pueblo, y además de las banderas rojas y rojinegras, flameó la celeste y blanca.

La magnitud de la convocatoria política y social, estaba situando al movimiento obrero argentino como protagonista de la historia argentina. La historia “chica” del sindicalismo había crecido, y estaba golpeando las puertas de la historia “grande” del país.

 

En septiembre de 1934 se publicó la Ley 11729, cuyo anteproyecto de ley había sido presentado por el diputado socialista Enrique Dickman en 1933. Pero el soporte y el impulso de esta norma estaba en la Comisión Intersindical integrada por la Confederación de Empleados de Comercio, la Unión de Cortadores de Confección, la Asociación Bancaria, la Asociación de Viajantes de Comercio y la Asociación de Empleados de Farmacia, presidida por Ángel Gabriel Borlenghi, Secretario General del primero de los gremios mentados, quien después sería Ministro de Interior del gobierno de Perón.

La Ley 11.729 pasó a ser el basamento de la legislación laboral argentina; nació para los empleados de comercio pero se fue extendiendo, como mancha de aceite, para otras actividades.

 

En 1940, en un gran acto del 1° de mayo, millares de trabajadores argentinos repudiaron desde Buenos Aires el avance del nazismo europeo y reclamaron medidas progresistas en el país.

Y el 4 de junio de 1943 se desbarrancó la “Década Infame”: la Revolución de Junio. El corsé anudado alrededor de la sociedad para mantenerla de espaldas al futuro, saltó por los aires. Solo unos pocos señores privilegiados y algunos intelectualoides asalariados –que siempre hay- estaban dispuestos a bancar la farsa de una democracia fraudulenta y un sistema excluyente de las nuevas fuerzas sociales.

La Revolución Juniana, al principio tanteando y medio a ciegas, y luego decidida y prepotente, abrió una picada en la selva y se lanzó a encontrarse con el futuro.

Un nuevo bloque histórico reclamaba la conducción de la Patria y el Movimiento Obrero era su columna vertebral.

Hagamos números: entre el año 1940 y 1943 se dictaron 7 leyes referidas al ámbito laboral; en los tres años siguientes, de 1943 a 1946, las disposiciones que benefician a los trabajadores ascienden a 1112.

El movimiento obrero obtendrá mejoras directas de este viraje en la política estatal: la expansión de los servicios médicos del sindicato gracias a la ayuda financiera del gobierno, beneficios en las normas sobre accidentes de trabajo y jubilación, se extendió el régimen de vacaciones pagas y de accidentes de trabajo, se sancionó el Estatuto del Peón Rural., el Aguinaldo, el Régimen de Asociaciones Sindicales y se ampliaron las negociaciones colectivas. En los 15 meses posteriores a mayo de 1944 se firmaron cerca de 700 contratos (que contrasta con los 400 firmados entre 1941 y 1943)3. Todos ellos supervisados por la atenta mirada de la secretaria de Trabajo y Previsión.

Y en el cuarenta y cinco la historia cambió de mano y el viejo matungo de la historia empezó a cabalgar con otro porte, en realidad parecía un Potro.

Fue cuando las masas habían de tomar la historia nacional por su cuenta”.

Y así como la Argentina tiene dos fechas de nacimiento: el 25 de mayo y el 9 de julio, el movimiento obrero argentino también tiene dos fechas: el 1 de mayo y el 17 de octubre.

 “Corría el mes de octubre de 1945. El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo, cuando inesperadamente enormes columnas de obreros comenzaron a llegar.… Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad… Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto… Éramos briznas de multitud y el alma de todos nos redimía. Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río… Eran los hombres que están solos y esperan que iniciaban sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo…”

(Raúl Scalabrini Ortiz, “Tierra sin nada, tierra de profetas”, 1946)

Y vino el tiempo de la alegría:

“Te acordás, hermano, qué tiempos aquellos…;

la vida nos daba la misma lección,

en la primavera del 45

tenías quince años lo mismo que yo.

Te acordás de la Plaza de Mayo

cuando el que te dije salía al balcón…”

(María Elena Walsh, “El 45”)

El 1° de mayo de 1947 las calles se preñaron con la primera celebración bajo el gobierno peronista. Y de ahí en más, los festejos comenzaban con discursos del secretario general de la CGT, seguidos de las palabras de los invitados de honor: Evita y Perón. Luego se presentaban artistas populares como Hugo del Carril, Antonio Tormo, los Hermanos Ávalos… y tras un gran desfile de carrozas, se elegía la Reina del Trabajo.

El país era una fiesta. Bueno, al menos para los proletarios, para los sumergidos, para “la muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir” de la que hablaba Scalabrini Ortiz.

 “Va a perdonar su excelencia que un payador del camino

le alce su verso genuino ante tanta concurrencia.

Quisiera, en esta emergencia, tener el don de Gabino

para elogiar con más tino la histórica presidencia

que realizó su excelencia en este suelo argentino.

Perdóneme, presidente, pero tengo la certeza

de que alabar su grandeza es traducir muchas mentes.

……

Usted es la lumbre querida de esta etapa bienhechora,

y su ciencia salvadora, mientras se cumple,

no olvida a la clase desvalida, que es valiente y cinchadora.

Por eso, mi General, con esta improvisación

quise arrimar mi montón a su labor nacional.

Nadie ha comprendido igual las penas de la nación,

nadie con más corazón nos libró de tanto mal

nadie como Juan Perón, Presidente y General…”

(Música de Hugo del Carril, letra de Homero Manzi, “Versos de un payador a Juan Perón”, milonga, 1949)

 

Para los otros, para los señoritos, para los que sentían peligrar sus privilegios, era “La fiesta del monstruo”. (Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, 1947).  Y bueh… ¡El gorilaje extrañáo mira sin comprender!

 

En el folleto “1 de Mayo ayer y hoy” publicado en 1949 se expresaba claramente una ruptura con el pasado: “[…] el 1 de mayo no es ya la fecha propicia al dolor y la desgracia, sino a la alegría. La Fiesta del Trabajo, realizada jubilosamente por quienes trabajan en la edificación de la Patria”.

El 1 de mayo de 1949 se juraba la Constitución Nacional reformada. Un  nuevo país y una nueva democracia se plasmaban en su texto. Noventa y seis años antes, el 1 de mayo de 1853, Justo José de Urquiza, director provisional de la Confederación Argentina, había promulgado la primera constitución vigente en la Nación.

Acá estaba le secreto del maridaje entre Perón y los trabajadores y el pueblo. Hasta los gorilas se dan cuenta: “Perón ha puesto en la cabeza de este pueblo apático y sufrido la noción de que tiene derechos.” (Ezequiel Martinez Estrada, “¿Qué es esto?, 1956)

La Constitución de 1949 rigió hasta ser derogada por un bando militar por la Libertadura, el golpe de estado de 1955.

Y se desató la furia. Y la CGT fue intervenida, hacía falta “un patrón en la casa de los obreros” y el designado fue el capitán de navío Alberto Patrón Laplacette.” Y los sindicatos tomados a punta de pistola por comandos civiles y el nombre de Perón prohibido y los dirigentes obreros despedidos, expulsados, encarcelados …

La ciudad blanca se tomaba la revancha y en nombre de la república y de las libertades, aplastaba la democracia.

El contralmirante Arturo Rial dijo con toda crudeza cual era el objetivo del cuartelazo: “Sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que en este bendito país el hijo del barrendero muera barrendero”. 

En realidad el objetivo era la sumisión de la clase obrera, la liquidación de la industria nacional, la entrega del país a los grandes monopolios, la subordinación a los organismos financieros internacionales, en suma, retornar a los buenos y viejos tiempos de la república oligárquica.

Pocas veces se ha visto un intento más serio de hacer marchar pa´tras el reloj de la historia!

Y vinieron los tiempos de la desazón y la tristeza. Fue el momento de bajar la vista, apretar los dientes y cerrar los puños, y con carbón y caño se marcó la Resistencia. No fue más que el comienzo de la larga resistencia, que habrá de culminar, con una corta interrupción,  en 1983.

Pero no todos la veían igual: el gorilaje cantaba por las calles “Con Rojas y Aramburu, el país está seguro”.

Y el 1 de mayo de 1956 el Partido Socialista realizó una gran manifestación bajo el lema: “Otra vez el 1° de mayo libre y obrero. ¡Viva el legado de Mayo y Caseros!”; la columna partió desde la destruida Casa del Pueblo y llegó hasta el monumento de Sáenz Peña, donde se había levantado un palco para los oradores. “Fuimos leales a la clase trabajadora –dijo entonces Américo Ghioldi– a la que no abandonamos, a la que no negamos por sus errores”. ¡Qué generoso, desde la altura elitista de los señores, perdona a los negros sus errores! Seguro que hoy lo votaría a Macri. Triste destino el de este “socialista”, que terminó siendo embajador de la dictadura de Videla en Portugal.

Los trabajadores, en tanto, se organizaban y resistían. La primera CGT Regional recuperada fue la de Córdoba y el 1 de julio de 1957 elige al Negro Atilio López, de UTA, como Secretario General. Los sindicatos y delegaciones regionales recuperadas formaron la “Intersindical’ que el 12 de julio de 1957 lanzó un paro general que fue acatado en todo el país.

En agosto, se convocó a un Plenario Nacional de Delegaciones Regionales de la CGT y de las 62 Organizaciones y nació el Programa de La Falda. Algún memorioso recuerda que se escribió con una Remington negra y cuadrada en la Colonia “Gral. Belgrano”, del Sindicato de la Alimentación de la ciudad de La Falda.

“ …la circunstancia de haber sido la primera Regional normalizada del país, dieron a la conducción de la CGT cordobesa la autoridad suficiente para convocar al Plenario de La Falda, que aprobó casi sin modificaciones el texto del “Programa” firmado por Lucio Garzón Maceda, Miguel C. Aspitia y Atilio López, una exposición revolucionaria de las tareas y objetivos que asumía la clase obrera argentina a través de sus representantes.”

(Roberto Ferrero, “Del Mutualismo al Cordobazo – breve historia del movimiento obrero de Córdoba”, 2009)

El Movimiento Obrero continuó asestando golpes al gobierno dictatorial a pesar del estado de sitio, de los encarcelamientos y proscripciones de dirigentes. El 27 de septiembre de 1957 cuaren­ta gremios recuperados convocaron a un paro nacional que fue unánime.”

(Roberto Baschetti, “Documentos de la resistencia peronista 1955-1997”, 1997)

Años después, de esa misma fragua, en junio de 1962, las “62 Organizaciones” aprueban el Programa de Huerta Grande. Continuaba la línea del Programa de La Falda, y proponía la nacionalización de los sectores básicos de la economía, la reforma agraria, la “planificación del esfuerzo argentino en función del interés nacional, la Nacionalización de bancos y de sectores claves de la economía, el Control del comercio estatal, la Expropiación de la oligarquía terrateniente sin compensaciones, el Control obrero de la producción y proteccionismo estatal a la industria, la Prohibición de toda exportación directa o indirecta de capitales.”

La columna vertebral del movimiento nacional no solo no estaba quebrada, sino que levantaba las banderas de la clase obrera y de los sectores populares.  No solo se defendía, sino que se erguía como alternativa. Era la “bandera pa´rejuntar los dispersos”.

El 1 de mayo de 1958 asumía el gobierno Arturo Frondizi, empujado por los votos de un peronismo proscripto. Pero su proyecto era distinto, aunque algunos de sus compromisos cumplió.

El movimiento obrero respondió, airado, a las gestiones gubernamentales anti populares.

La toma del Frigorífico Lisandro de la Torre fue uno de los picos de mayor tensión durante el gobierno de Frondizi. Los trabajadores se oponían a la privatización del establecimiento.

Los nueve mil obreros ocuparon el establecimiento para evitar la venta, el 15 de enero de 1959. A los dos días, cerca de dos mil policías, gendarmes y soldados, con el apoyo de cuatro tanques de guerra, reprimieron a los ocupantes. Cinco mil trabajadores fueron despedidos.

Al mismo tiempo, el presidente Frondizi emprendía el primer viaje de un jefe de estado argentino a los Estados Unidos.  ¡Hay cosas que no son casuales!

“-Los agentes del imperialismo, desde los cargos oficiales, utilizan el monopolio de la propaganda para atribuir a la huelga general los móviles más aviesos y las complicidades más absurdas. (…) Esta huelga es política, en el sentido de que obedece a móviles más amplios y trascendentes que un aumento de salarios o una fijación de jornada laboral. Aquí se lucha por el futuro de la clase trabajadora y por el futuro de la nación. Los obreros argentinos no desean ver a su patria sumida en la indignidad colonial, juguete de los designios de los imperialismos en lucha. (…) En un país sometido al capital foráneo, no hay posibilidades de desarrollo nacional. Tampoco puede existir una justa participación de la clase trabajadora en la conducción política, ni en el reparto del producto social. (…) Si los medios de lucha que ha usado no son del agrado de los personajes que detentan posiciones oficiales, les recordamos que los ciudadanos no tienen posibilidad de expresarse democráticamente y deben alternar entre persecuciones policiales y elecciones fraudulentas. No es posible proscribir al pueblo de los asuntos nacionales y luego pretender que acepte pasivamente el atropello de sus libertades, a sus intereses materiales y a la soberanía argentina. No sé si este movimiento de protesta es ‘subversivo’, eso es cuestión de terminología, y en los países coloniales son las oligarquías las que manejan el diccionario. (…) Por ello el pueblo está en su derecho de apelar a todos los recursos y a toda clase de lucha para impedir que siga adelante el siniestro plan entreguista.”

(John William Cooke, Comando Nacional de la Resistencia, enero de 1959)

En 1963, el presidente Illia fue también elegido con el peronismo ausente de las urnas.  Por sus políticas, tuvo que sufrir los embates del  “Plan de Lucha” que la CGT llevó adelante entre mayo de 1963 y fines de 1965: la ocupación de fábricas y la huelga estaban a la orden del día.  A lo largo de un mes y medio, cuatro millones de trabajadores ocupan 11.000 establecimientos industriales.

En los 1 de mayo de esas épocas los presidentes discurseaban en el Congreso de la Nación, en la apertura de sesiones ordinarias anuales, siempre y cuando a algún generalote no se le hubiera ocurrido sacar los tanques a la calle y disolver el Congreso.

Tanto Frondizi como Illia fueron expulsados de La Rosada por militares subversivos cuando quedó en evidencia que no podían manejar el conflicto social y la proscripción del peronismo. El “fenómeno maldito del país burgués” los tenía a maltraer.

Allá por el ´66, los dueños de esa asociación ilícita que había preparado e impulsado la “Revolución Libertadora, se convencen que los gerentes no son eficientes, por lo que deciden hacerse cargo personalmente de la cosa.

Pomposamente llaman al nuevo cuartelazo “Revolución Argentina” y un general de caballería, Juan Carlos Onganía, se instala el 28 de junio de 1966 en La Rosada.  Junto con él, un séquito de triste memoria.

Solo para recordar algunos: su Ministro de Economía y Trabajo fue Adalbert Krieger Vasena, Ministro de Hacienda entre los años 1957 y 1958, durante el gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu. Entre 1973 y 1978 fue Vice-presidente Ejecutivo para América Latina del Banco Mundial. Conste que lo que se hereda no se roba: su abuelo materno fue Pedro Vasena, el de los Talleres de la Semana Trágica. Para completar el cuadro el Ministro de Relaciones Exteriores era Nicanor Costa Méndez. Años más tarde ocupará el mismo cargo en la dictadura de Galtieri, cuando la invasión a Malvinas.

Onganía prohibió la conmemoración del 1 de mayo con actos públicos. Claro, “lo que no se mueve se pinta y lo que se mueve se saluda” y lo que implica libertad, se prohíbe. Pero así como no se puede tapar el sol con las manos, tampoco se puede parar la historia por decreto.

Resistiendo esa política, el 1° de marzo de 1967 fue decretado día de paro general a nivel nacional por la CGT, con concentraciones, manifestaciones y una serie de medidas que exteriorizaban la protesta del pueblo y en particular de la clase trabajadora.
El gobierno amenazó con cárcel a los huelguistas: “Van a tener que ponerle rejas al país”, le contestó José Alonso, por entonces Secretario General de la CGT. El acatamiento fue masivo y el país paró.

Y  allá por el 68 se divulgaba el Programa del 1º de Mayo, que se publicó en el Nº 1 del periódico de la CGT de los Argentinos. Y junto con él, los dibujos de Carpena, con sus rostros hoscos y sus manos hercúleas, hechos volantes, empapelaron la Patria.

Y se vino el Cordobazo, que fue en mayo, pero el 29.  Ese día, con la conducción de Elpidio Torres, el negro Atilio López y el gringo Tosco, el movimiento obrero escribió otra página bisagra. No peleaba por salario, o sábado inglés o convenio colectivo, salía a la calle encabezando un bloque histórico en defensa de un proyecto nacional que allá por el ´55 había sido desbancado.

Y la rueda de la historia no se paró: los gorilas terminaron yéndose serpenteando por los rincones allá por mayo del 73. Y cantábamos: “Se van, se van y nunca volverán”; nos equivocamos, volvieron, pero ese día se fueron.

Y el 1 de mayo de 1974 Perón, desde el balcón, nos decía: “Compañeros: hace hoy veinte años que en este mismo balcón y con un día luminoso como éste, hablé por última vez a los trabajadores argentinos. Fue entonces cuando les recomendé que ajustasen sus organizaciones porque venían días difíciles. No me equivoqué ni en la apreciación de los días que venían ni en la calidad de la organización sindical, que se mantuvo a través de veinte años, pese a estos estúpidos que gritan”.

(y acá se me pone fiera la cosa: tantos años y aún no la tengo clara, unos se fueron de la plaza y otros se quedaron y quizá sabían lo que hacían; algunos nos quedamos simplemente porque no teníamos o no sabíamos a donde ir)

Y tan fuerte es el 1 de mayo que los dictadores del ´76, golpe anti-obrero por esencia y convicción,  no dejaron de respetarlo, aunque aprovechaban la ocasión para atacar al movimiento obrero, justificar las persecuciones y las medidas reaccionarias que tomaban.

 “la intervención militar no se hizo en contra de un determinado sector social, partido político o sistema económico, sino para corregir excesos, impedir desviaciones, reordenar y reencauzar la vida nacional, cambiar la actitud argentina con respecto a su propia responsabilidad, facilitar en suma, el desarrollo pleno de nuestra potencialidad”. Para luego puntualizar que “referido a las disposiciones legales que encuadran la actividad y estructura gremial, su revisión no tiene en modo alguno como objetivo lesionar el principio protector incito en el derecho laboral, ni cercenar ningún derecho inalienable del trabajador. Su finalidad es la de corregir excesos, vicios, instrumentar normas que eviten la corruptela en la utilización de fondos y reconstruir la armonía en el campo laboral a través de las relaciones individuales de trabajo”. (Ministro de Trabajo, General Horacio Tomás Liendo, mensaje del 1º de mayo de 1976.)

La historia no se detuvo, y vaya si ha sido rica en danzas y contradanzas, pero el 1 de mayo ya no es un día de lucha y enfrentamiento, sino de jolgorio y de encuentro. Y esto es bueno: significa que la aceptación social de la fecha y el reconocimiento de los derechos y los logros está, al menos por ahora, lo suficientemente firme. Es como la navidad o el año nuevo, dos días antes o dos días después, salta la bronca, pero ese día los ánimos se calman. Es una de fecha ecuménica, con un valor en sí misma. Es un hito inamovible y fundacional.

Menos retórico, un negrazón cordobés de Barrio Güemes, con su sonrisa agujerada y comiéndose las s, me enseñó: “El 1 de mayo y el 25 son los días que se come locro grati.”

Hace más o menos cien años, para este día, el laburante se endomingaba y afeitado y tiradas las crenchas bien pa´tras debajo del funyi o de la gorra, rumbeaba temprano, a paso cansino, canchero y algo ladeao, pal local del sindicato. A los más bravos, en la faja o en el cinto, al costado, se les notaba apenas el bultito de la camani o el lechucero o la faca de filo, contrafilo y punta. -Hoy no se labura, tampoco se cobra el salario, pero hay que estar donde se debe estar. Al salir de la sapie del yotivenco le hace un gesto sobrio y silencioso a su mujer, que nerviosa se seca las manos con un trapo. Dos o tres gurices se aferran a las faldas de la madre y miran azorados. Ni acaba de salir el hombre, que la mujer prende una vela al pie de una estampita gastada y borrosa. – Que Dios lo proteja y me lo devuelva sano y salvo!!

Hoy, el negro se levanta tarde, sin apuro, después de todo, es un inesperado domingo que ha cortado la semana.

Bueno, casi siempre, este año hasta el calendario juega en contra: cae domingo!

Se viste como siempre, o menos, total, hoy no se labura.  Y cuando le agarra el hambre, sale, solo, si está solo, o con la compañera y los niños de la mano, si los tienen. – Hoy morfamos locro!. Y las ollas humean en los sindicatos, en la Unidades Básicas, en los Centros Vecinales, en los Comités, -que aunque pocos, queda alguno-, en los negocios y hasta en alguna vereda, donde cualquier vecino ha montado un tablón sobre un par de caballetes y los cucharones hacen rayas tenues sobre el mantel de papel hasta alcanzar los platos. Y todos se saludan y se abrazan: Feliz día, Compañero!! Hoy todos somos laburantes. Hoy compartimos el pan: somos compañeros. Y brindamos con vasos descartables, llenos de vino tinto algo tibión y de dudosas damajuanas de etiquetas desteñidas. Y la ciudad es una fiesta. Y está bien que así sea, es como el año nuevo, estamos vivos y tenemos futuro y celebramos un pasado en el que supimos hilvanar el presente.

Pero cuidado, los derechos no se conquistan de una vez y para siempre. Constantemente hay que defenderlos, afianzarlos: son como un paredón azotado por el vendaval.

Y hoy más que nunca. Parece que los dinosaurios, vivos según Susana Giménez, andan pisoteando las calles. Parece, incluso, que han hecho nido en La Rosada.

Añoran los viejos buenos tiempos de la república oligárquica, la de los ganados y los trigos y los préstamos de los bancos ingleses, hoy, sería la de la soja y de la bicicleta financiera y la banca internacional y las sociedades off shore. Y para reinstaurarla hace falta retroceder 100 años. Así lo pregona la Prensa seria, y los discursos de los políticos y los analistas serios y los empresarios serios.

“Achicar el Estado es agrandar la Nación” nos enseñaba Joe Martinez de Hoz allá por el ´76. Esa película ya la vimos.

No olvidemos que hace 100 años casi no existían los sindicatos, los derechos laborales eran un sueño utópico, el estado estaba al servicio de la gente como la gente y para mantener el orden y defender la propiedad privada; no era este Estado populista, regulador y cobrador de impuestos, que paraliza y ahuyenta la inversión.

Para que ellos puedan tirar manteca al techo, nosotros, los negros, tenemos que caminar descalzos. Esa es la ecuación que quieren imponer, pero claro que no les ha de ser fácil: en este ajedrez también jugamos.

Por eso, el 29 de abril o el 2 de mayo tendremos que estar en la calle defendiendo lo que nos pertenece, pero hoy, 1 de mayo, brindemos y compartamos el pan.

Y recordemos que estos tipos están condenados, ya lo decía Charly García: “Los amigos del barrio pueden desaparecer, pero los dinosaurios van a desaparecer”. Clics modernos, 1983)

Salud, Compañeros, Feliz Día del Trabajador!

Córdoba, 1 de Mayo de 2016.

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