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Horizonte…

Por HÉCTOR AMICHETTI (Federación Gráfica Bonaerense / Corriente Federal de Trabajadores)

En el marco de lo que formalmente llamamos democracia, el pueblo argentino elige legisladores dentro de unos días.

Muchos de los que participamos activamente en cualquiera de las organizaciones libres del pueblo tenemos una visión de la realidad que muy probablemente no concuerde con la de muchos otros que forman su opinión a través de la televisión, la radio y los grandes diarios.

Tal vez por evolución, llegará el día en que todos los ciudadanos y ciudadanas del país asuman el deber de participar y fortalecer alguna organización que represente sus inquietudes.

Ese día habremos enriquecido la democracia.

La composición del Congreso no logrará condicionar la influencia de las grandes Corporaciones en las decisiones del gobierno.

Pero, que al Parlamento argentino ingresen como legisladores Cristina, Taiana, Walter, Vanesa y Hugo Yasky, entre otros, asegura proyectos de ley y votos previsibles a favor de los intereses populares.

Es más, con Walter Correa, Vanesa Siley, Hugo Yasky, que se sumarán a Abel Furlán, los trabajadores/as tendremos por primera vez, después de muchos años, un bloque de diputados obreros con proyecto común y probada lealtad a nuestros intereses.

La banca extranjera seguirá manejando el sistema financiero, las multinacionales seguirán operando los servicios públicos, la Asociación Empresaria Argentina seguirá tomando exámen al gabinete, el endeudamiento externo no será sometido al Congreso.

Las organizaciones del pueblo, con sus luchas, jugarán un papel fundamental para condicionar la orientación que el gobierno dé a los beneficios y perjuicios que provocan sus medidas.

DIÁLOGO

Desde la conducción de la Confederación General del Trabajo se ha optado por el camino del diálogo. Un Confederal con la presencia de más de 140 organizaciones sindicales así lo ratificó ayer.

Prácticamente ninguna de esas organizaciones confía en que las reuniones con el gobierno arrojen resultado positivo.

Mucho menos las seccionales de esos mismos gremios y varias delegaciones regionales de CGT que no participaron del encuentro.

No es difícil entender esto.

Si el diálogo incluye temas como blanqueo y pasantías y habilita -en delicado equilibrio- conversaciones sobre reforma laboral, pero al mismo tiempo excluye hablar sobre el fortalecimiento del mercado interno, la protección a la industria nacional y la defensa del trabajo y los salarios, ese diálogo está condenado al fracaso.

Y eso lo advierte la inmensa mayoría del movimiento obrero.

Si la democracia no fuera formal, las pymes serían consultadas antes de abrir indiscriminadamente las importaciones, las familias argentinas podrían opinar hasta que punto sus presupuestos resisten un tarifazo, el pueblo sería consultado antes de contraer una irresponsable e impagable deuda externa.

La clase trabajadora propondría modernizar las relaciones laborales incorporando a los convenios colectivos de trabajo el derecho a la información y la participación en las ganancias.

La tan ansiada productividad se alcanzaría, al fin, en un diálogo justo y responsable sobre desarrollo científico, incorporación de tecnología a las empresas, reducción de las jornadas de trabajo y redistribución de beneficios.

La concepción neoliberal materialista, inhumana y egoísta no admite esta forma de diálogo.

Las batallas seguirán dándose en el Parlamento, en las fábricas, comercios y oficinas, en las escuelas y las universidades, en los barrios de cada pueblo, de cada ciudad y cada provincia.

El proyecto de la mayoría del pueblo es incompatible con el de la oligarquía.

En el horizonte solo se vislumbra confrontación.

La auténtica Democracia espera.

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