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ESPERANZA / La conducción de los trabajadores

Por LAUTARO FERNÁNDEZ ELEM

Las primeras acciones gubernamentales del año refrendan las ideas que ordenan el andar macrista. Así como en aquel verano de 2016, los despidos masivos en la administración pública nacional hablan de la intención oficial de un Estado de menor envergadura y orientado hacia la defensa del empresariado, y fundamentalmente de un ejemplo para otros dos grandes pilares del empleo nacional: los Estados provinciales y municipales, y, como siempre, los patrones. Los empleados son prescindibles, y los salarios son negociables.

A su vez, un año más Mauricio Macri respalda a la Gobernadora Vidal en lo que será un nuevo episodio en el conflicto con los sindicatos docentes. Por decreto, dispuso que la paritaria nacional no será una mesa de diálogo sino una actualización automática del 20% sobre el salario mínimo vital y móvil. Según la disposición unilateral del Ministerio de trabajo, en julio, cuando sea la siguiente actualización del SMVM, un maestro que se inicia recibirá un haber a 12.000 pesos. 2000 por debajo de la actual línea de pobreza.

Naturalmente, los despidos en la actividad privada siguen adelante. Y quien pensaba que la agroexportación estaba salvada, pondrá atención en los retiros voluntarios que dispuso la internacional Cargill en San Lorenzo, Santa Fe (despidos encubiertos, según la CGT Regional) o las 100 cesantías de la petroquímica Bunge en el golpeado partido bonaerense de Campana. Y siguen las firmas que se disponen a prescindir de personal.

El techo salarial del 15% que pretende instaurar el ejecutivo -que aún debe lidiar con los reclamos de las cláusulas gatillo no activadas el año pasado- predisponen al conflicto al movimiento obrero organizado, que no ha demostrado la totalidad de su poder de fuego por su desorden e indefinición en la cúpula conductora.

Ahora bien. Por falta de acuerdos, el macrismo ha recogido la piola de las sesiones extraordinarias, por lo que la Reforma Laboral deberá esperar hasta mediados de marzo.

La conformación de una línea cegetista confrontativa que se expresó duramente en contra de la persecución al sindicalismo y adelantó la posibilidad de una movilización en la “cumbre” de Mar del Plata, sumada a los ya probables paros paritarios de los meses de febrero y marzo, cultivan el escenario de malestar que dispondría de una fecha de movilización masiva y unitaria de tratarse en la Reforma en el Congreso.

Los plazos de la Confederación General del Trabajo nunca son veloces. Pero no sería ilógico pensar en un congreso normalizador anterior a la sesión mencionada. De ser así, el gobierno no sólo debería avanzar con la Reforma en medio de una convulsión sindical latente sino que además quienes dieron el “consenso” en su momento, ya no serían los jefes de la central obrera.

Se ordenan los bandos. La reforma previsional tuvo un gran rechazo popular, pero pudo ser aprobada gracias a la gestión nacional sobre los gobernadores. Si pensamos hacia adelante, estos acuerdos deberán renovarse, los bloques contener a sus integrantes y la oposición, radicalizarse. Hoy el campo nacional no cuenta con una conducción unificada y clara. Quizás como expresión de deseo y ojalá como acierto en el análisis, será el movimiento obrero el que encarne ese rol en el mes de marzo. Y hacerlo implicaría convencer a los bloques no oficialistas de rechazar la reforma, y al conjunto del pueblo de movilizarse en contra de la misma.

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