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El sórdido ataque a los clubes

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Por Carlos Aira (*)

Entre secretos a gritos y miradas hacia el costado, el abuso infanto-juvenil es una problemática arraigada en la sociedad. Hace dos semanas, el Club Atlético Independiente tomó una decisión valiente: en conocimiento de situaciones de posible abuso que estaban padeciendo menores integrantes de su fútbol amateur residentes en el pensionado de la institución, elevó la denuncia judicial.

Durante días fue el centro de la escena mediática. La Unidad Fiscal de Investigación 4 de Avellaneda, a cargo de María Soledad Garibaldi, pidió la detención del árbitro Martín Bustos, juez de línea de Primera B Nacional; su abogado, Carlos Tomás Beldi, por “encubrimiento agravado” (destruyó el celular de Bustos); Alejandro Carlos Dal Cin (organizador de torneos de fútbol para juveniles); Juan Manuel Díaz Vallone (representante de futbolistas), Silvio Ernesto Fleyta (estudiante) y Leo Cohen Arazi, relacionista público. Esta supuesta red tenía en un joven de 19 años, residente en la pensión, el entregador de sus compañeros.

La fiscal confirmó siete víctimas y diez potenciales víctimas más. Detalló que los abusadores “ofrecían pasajes para ir a ver a sus padres al interior” además de “dinero, ropa, botines” y cargas de la tarjeta SUBE. Garibaldi contó además que los llevaban a departamentos y casas de San Isidro y Palermo. Los encuentros no se realizaban en el Club Atlético Independiente. 

Días más tarde fue River Plate el club que cayó en desgracia. La médica Andrea Pennessi, quién trabajó en la institución de Núñez entre 2005 y 2011, denunció situaciones de abuso por parte de un transgénero hacia jóvenes futbolistas residentes en la pensión del club. En este caso no fue el club quién realizó la denuncia sino la Asociación de Víctimas de Violación, quién también denunció que una jugadora de hockey fue manoseada por un médico del club.

River e Independiente son clubes que contienen a más de 200.000 personas en sus masas societarias. Más de 10.000 jóvenes federados practican diversas disciplinas deportivas en ambas instituciones. A pesar que no existen pruebas de la participación directa de los clubes en el abuso de menores, los títulos de prensa fueron contundentes. Durante una mañana, en la pantalla de CN23 se pudo leer: “River es un colador“. TN no se quedó atrás: “Abusos en Independiente y River“.

No hay que ser un máster en semiótica para darse cuenta de la operación: los clubes deben ser considerados caldo de cultivo de abusos y redes de prostitución juvenil. Los medios masivos lo instalan y la sociedad menos lúcida lo replica. La mediática Natacha Jaitt vertió en el programa de Mirtha Legrand el nombre de diversos periodistas y artistas como consumidores de prostitución juvenil devenida del fútbol amateur. Ante la magnitud del escándalo, el Procurador General de la provincia de Buenos Aires, Julio Conte Grand, afirmó horas más tarde en declaración pública que ningún periodista, presentador de televisión o autoridad de medios de comunicación aparece involucrado o investigado en la causa por los abusos denunciados en el club Independiente“.

Curioso, la fiscal María Soledad Garibaldi, en declaración de prensa, pidió dejar en claro “que el Club Atlético Independiente no es partícipe de la organización delictiva“. Nadie hizo hincapié en esta afirmación. Los títulos siguen siendo “Abusos en Independiente“.

Abusos independiente

EL ATAQUE A LOS CLUBES

En tiempos políticos y sociales de avanzada contra las estructuras populares, los clubes están en peligro. ¿Por qué? Porque son células de organización social primaria. Verdaderas escuelas de democracia. Los clubes son atacados en una guerra tan silenciosa que es imperceptible.

En nuestro país existen más de 15.000 clubes. Ellos contienen millones de asociados. Salvo excepciones elitistas, la composición de los clubes es heterogénea: en nuestros clubes conviven diferentes estratos sociales, de credo, filosofía política u orientación sexual. Los clubes, motores de dinamizadores de salud y democracia, son un pésimo ejemplo ante la cultura pro-negocio. La antítesis del club es el gimnasio, modelo que se busca instalar. Una cuota social al servicio del capital privado, trabajo individual y ningún compromiso social.

Como ejemplo. El 3 de noviembre de 2015 se promulgó la ley 27.201, de Asignación Universal al Deporte. Por la misma, dos millones de niños y jóvenes entre 6 y 16 años hubieran realizado actividad física en clubes de barrio de todo el país y verse beneficiados con el pago de la cuota estímulo deportivo. En el artículo 10 se puede leer: se creará una línea federal de comunicación para atender situaciones de abuso infantil. La ley fue aprobada por el entonces diputado pampeano Carlos Mac Allister pero nunca financiada por el luego secretario de Deportes Carlos Mac Allister.

Los clubes con fútbol profesional no escapan a esta guerra. Desde 2009, cuando el reparto económico del Fútbol para Todos puso billetes donde antes había pelusas, los clubes realizaron un crecimiento estructural inmenso. No sólo los grandes de Primera División, que tienen un verdadero ejército de psicólogos, asistentes sociales, pensiones de lujo y presupuesto económico millonario destinado a sus divisiones inferiores, sino la gran mayoría de los equipos AFA. El fútbol es una de las industrias culturales más importantes del mundo y nuestros pibes son la mejor materia prima del mundo. Los clubes lo saben y cuidan a sus jóvenes.

Desde el gobierno nacional buscan la privatización de los clubes AFA. La transformación compulsiva en Sociedades Anónimas Deportivas. Si en 2016 la campaña organizada por Fernando Marín para finalizar el contrato de FPT tuvo como eje el estrangulamiento económico de los clubes; un malestar social extendido sobre los dirigentes y sus clubes podría ser una llave para abrir el debate sobre un nuevo tipo de estructura privada de clubes. 

Independiente y River no son clubes cercanos al gobierno nacional y sus aliados. Hugo Moyano movilizó medio millón de trabajadores en febrero último, fogoneando la unidad del campo nacional. Su posicionamiento contra el gobierno nacional le valió una serie de operaciones. Una muy burda fue la utilización del impresentable Bebote Álvarez a quién presentaron en sociedad como un pobre hombre sometido por la familia Moyano. En el caso de River molesta la figura de Rodolfo D´Onofrio, enfrentada en forma franca con Daniel Angelici, presidente de Boca Juniors y operador judicial del primer mandatario.

La estrategia de mellar a los dirigentes y los clubes es tan silenciosa como clara. Por ejemplo, la BBC inglesa publicó: “La dirigencia de River, que asumió después de 2011, se puso a disposición de la justicia, pero algunos creen que tienen una responsabilidad civil, porque, así no supieran de los abusos, actúan como escuelas y responsables de los menores de edad. En el caso de Independiente, el presidente es nada menos que Hugo Moyano, uno de los sindicalistas más influyentes del país, quien es investigado por la justicia por lavado de activos en la gestión de dicho club. El fútbol argentino, y en especial los torneos de ascenso e inferiores, es un complejo entramado en el que chocan intereses políticos, sindicales y económicos de mafias, barras bravas e influyentes figuras del poder”. Con estas palabras, Doña Rosa estaría muy asustada.

También hay que tener algo claro: los clubes no escapan a las generales de la ley. En sus masas societarias y cuerpos profesionales puede existir una proporción similar de abusadores a los que existen en diferentes ámbitos sociales como la escuela, el trabajo o la misma familia. La denuncia no es un tema sencillo y surgirán nuevos casos.

La campaña es fuerte y está instalada. Es sórdida porque en el centro están jóvenes que transitaron abusos. Según números de la OMS se estima que una de cada cinco niñas y uno de cada 13 niños en Argentina dicen haber sido abusados sexualmente durante su infancia. Apelemos a nuestra memoria y analicemos si todos esos pibes estuvieron seguros o no en los clubes. Seguramente la respuesta será afirmativa. Por eso hay que analizar el fondo de esta situación. Porque detrás de los pibes está el objetivo central: van por los clubes. 

(*) Conductor de Abrí la Cancha.

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