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OPINIÓN / ¿Qué hay de nuevo en el sindicalismo?

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La irrupción del Frente Sindical para el Modelo Nacional es uno de los hechos políticos más significativos en la política nacional de los últimos años, con una fortaleza innegable y desafíos ambiciosos en la actual coyuntura política. Ana Natalucci (Docente-Investigadora del Conicet) analiza el fenómeno, las deudas y limitaciones del movimiento obrero, la perspectiva y la lucha política que se libra en el plano nacional. (Gentileza Panamá Revista)

Por ANA NATALUCCI*

El 20 de septiembre pasado, el sector más movilizado y combativo del sindicalismo peronista hizo un plenario para lanzar públicamente el Frente Sindical para el Modelo Nacional. En este evento parecen condensarse varios tiempos históricos y discusiones que quedaron pendientes de la salida a la crisis de 2001 y del kirchnerismo. Estas últimas las sintetizaría en dos. La primera trata sobre los límites de la representación sectorial o corporativa y los obstáculos que presenta lo que los actores en un momento llamaron “el salto a la politica”, que presenta cualquier armado que siga una lógica movimentista. La segunda discusión es sobre la orientación de la protesta social. Para reconstruir un poco el argumento es necesario mencionar dos aspectos. Por un lado, en diciembre de 2001 se produjo un convulsionado proceso: renunció el presidente Fernando De La Rúa y su gabinete cediendo paso a otro partido para conducir el Estado, y poco después se derogó la ley de Convertibilidad que habilitó el pasaje a un modelo de perfil productivo.

El ciclo de movilización que antecedió ese diciembre había sido contundente, expansivo en el territorio nacional y fuertemente impugnador de un gobierno y su política económica. Pero esos actores -incluyendo sindicatos y organizaciones piqueteras- tuvieron poco incidencia en la contienda electoral de 2003 y se incoporaron al kirchnerismo una vez que este ya había establecido plan de gobierno. Diferentes académicos e intelectuales denominaron esa situación como un déficit de origen del gobierno, que llevó a Kirchner a impulsar la constitución de un movimiento político siguiendo una lógica movimentista a posteriori de su asunción.

Ahora bien, ¿es posible hoy pensar que la discusión sea cómo construir ese movimiento movimentista, valga la redundancia, antes de la contienda electoral, de formar gobierno y de elaborar un plan? Si así fuera, la discusión no puede quedar reducida en “Cristina sí, Cristina no”, sino en cómo resolver un problema clásico de cualquier movimentismo: la conjugación de la representación corporativa con la representación política. Veamos un poco los hechos.

En febrero de 2018 se organizó un acto, el 21F, donde sectores sindicales que se habían distanciado durante el Kirchnerismo hacían un esfuerzo por volver a reunirse y plantarse contra la política económica del gobierno. En una nota que escribí para ese momento (¿Adonde va Moyano?) me pregunté si ese acto era el puntapié para la construcción de un nuevo nosotros y si podíamos pensarlo como una estrategia movimentista que articulara puentes entre las diferentes organizaciones y las elites políticas. Ese acto involucró al sindicalismo enrolado en la CGT, a las CTAs y movimientos sociales. Seis meses después, ese sindicalismo lanzó el Frente Sindical para el Modelo Nacional. Si aquel 21F era más bien un acto coordinado entre organizaciones que sumaban sus demandas sectoriales, el del 20 de septiembre ya implicó la articulación de esas demandas y la incipiente conformación de un espacio militante.

En el acto del 20 la demanda era clara y general: contra la política económica del gobierno y el FMI. Según dijeron sus oradores en sus intervenciones, la consigna fue “La patria está en peligro” frente al proyecto oligárquico que promueve el gobierno. Las organizaciones allí presentes manifestaron su adhesión al paro del 25 de septiembre convocado por la CGT, pero también anticiparon su participación en la marcha del 24 convocada por las CTAs y una marcha a Luján para el 20 de octubre. Un plan de lucha con varias actividades por adelante.

En relación con la conformación del espacio militante, muchas veces cuando se habla de unidad pareciera que alcanza con un acuerdo de las cúpulas. La dinámica del plenario del 20 fue interesante en este sentido. La apertura del plenario estuvo a cargo de varios secretarios generales, pero que representaban los tres grandes sectores que motorizan el Frente: SMATA, Camioneros y la Corriente Federal de los Trabajadores (CFT). Los colores del logo, celeste y verde, visibilizan esta articulación. El cierre respetó esta lógica y en consecuencia hablaron: Sergio Palazzo (CFT), Ricardo Pignanelli (SMATA) y Hugo Moyano (Camioneros). Aunque estos discursos intentaban señalar el marco, el frame, de este acuerdo, lo interesante es lo que pasó en el “medio” de la apertura y el cierre. En “el medio” hablaron dirigentes y dirigentas de las diferentes regionales de la CGT: Chaco, Moreno, Merlo y Marcos Paz, Tuyú, Tierra del Fuego, Salta, San Juan, Santa Fe, Córdoba, Ushuaia. San Lorenzo, La Rioja, Río Turbio, Lomas de Zamora, Tucumán, La Plata, Berisso y Ensenada. En la mesa central sólo estaba Vanesa Siley -secretaria General de SITRAJU-, pero en “el medio” intervinieron dirigentas e integrantes de Mujeres Sindicalistas, demostrando que la participación femenina en el mundo del trabajo tiene una traducción en lugares de liderazgo y conducción sindical. Con una lógica desde el interior hacia el centro, los sindicatos grandes movilizaron pocos militantes con el fin de no acaparar todo el espacio.

Las intervenciones tuvieron tres puntos en común, aunque no coincidieran en sus posiciones: la caracterización del gobierno nacional, la posición frente a la CGT y la continuidad del plan de lucha. De esta manera, en esos discursos se sintetizaban cuestiones respecto de la posición con el gobierno nacional y el FMI y también hacia otros sectores cegetistas. En el documento leído al final del plenario se sintetizaron esas discusiones presentando sus demandas e instando a la implementación de medidas específicas. Entre las demandas: cambio de la política económica, rechazo a la reforma laboral, derogación de la reforma previsional y tributaria, retrotraer las tarifas al 1 de diciembre de 2017 y cambios en la política aerocomercial.

 Estas discusiones ya estaban presentes de formas diferentes en el 21F, entonces, ¿qué hay de nuevo que legitime la emergencia de un nuevo espacio sindical militante? A modo de hipótesis diría que la novedad está puesta en cómo conjugar la representación sectorial de los trabajadores en defensa de sus derechos frente a un gobierno que pretende arrasar con ellos y la representación política, que los actores mencionaron bajo la forma que el sindicalismo liderara la protesta social. En torno a este punto el planteo no se reduce a movilizarse, a diferencia del 2001, sino a ser convocados a participar para la definición del programa del próximo gobierno. El sindicalismo, aunque fue perdiendo gravitación, sigue siendo la organización con mayor capacidad de movilización. Si vemos datos de la protesta social, en los `80, 7 u 8 de cada 10 protestas eran sindicales, en el último gobierno kirchnerista fue de 3,7 sobre 10. Sin embargo, la capacidad de movilización, la recreación de la mística y la posibilidad de contar con estructuras de movilización son recursos inestimables para sostener cualquier plan de lucha. En su discurso, Pablo Moyano dijo que el Frente Sindical había nacido para defender los derechos de los trabajadores y por eso se habían vuelto a juntar con aquellos que en un momento se habían separado, en alusión a la ruptura de la CGT en 2012, sintetizando así las dos aristas del plenario. Relacionado con esto, Héctor Amichetti -Federación Gráfica Bonaerense- recordó que no es la primera vez que el movimiento obrero se enfrenta a un proyecto oligárquico, de hecho, el 17 de octubre “el movimiento obrero torció la historia de un país”.

Coincido con los dichos del gobierno nacional y la Coalición Cambiemos sobre el problema de los 70 años de peronismo. No parece causal la conversión del ministerio de Trabajo en una secretaria, donde los trabajadores organizados ya no discuten con un ministro de trabajo, sino con el sector empresarial sin mediaciones. Esto es el del pre-peronismo. Entonces si no tomamos literal esa frase, el “problema” del peronismo es que dejó marcada que la participación de los trabajadores -como de otras organizaciones- no es sólo corporativa, sino también en la discusión de un programa político. La grieta no empezó en el último kirchnerismo, sino en ese primer peronismo entre los que oprimen y los que saben que hay que luchar para no ser oprimidos, tal como dijo Palazzo en su discurso de cierre. En relación a este debate y a la representación política, este espacio que es netamente sindical llamó a la oposición a construir un Frente Nacional, Popular y Patriótico en una nueva apuesta movimentista. ¿Será que esta vez la movilización podrá impugnar un proyecto como el neoliberal y, al mismo tiempo contribuir a la conformación de una nueva oferta electoral?

*Ana Laura Natalucci es Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba; Magister en Investigación en Ciencias Sociales y Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. 

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