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CUMBRE DE LOS PUEBLOS / La integración necesita de una victoria

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Por HÉCTOR AMICHETTI*

Este martes 16 de julio hablamos de integración en la Cumbre de los Pueblos.

Alrededor de 1000 compañeros y compañeras nos reunimos en FESTRAM, el querido gremio hermano que agrupa a los trabajadores y trabajadoras municipales de Santa Fe.

La convocatoria surgió desde el Movimiento Obrero Santafesino (MOS) que -desde la Argentina federal- ha dado un ejemplo de unidad, confluyendo allí sindicatos de CGT, CTA y Organizaciones Sociales.

Representantes de las Pymes, del Mutualismo y del Movimiento cooperativo también fueron de la partida.

Encabezada por Macri y Bolsonaro, la cumbre de presidentes del MERCOSUR promueve en realidad la desintegración de los pueblos y naciones de nuestra América relegando los intereses de las mayorías y priorizando el negocio de un puñado de Corporaciones que, con la excusa de la globalización, pretenden lisa y llanamente anular las soberanías nacionales y continentales y limitar los derechos del pueblo.

Fue inevitable remitirnos a la voluntad integradora que motivó las cruzadas independentistas de San Martín y Bolívar.

También al continentalismo sudamericano que alentaba Juan Perón a mediados del siglo pasado.

La unidad económica y social de Argentina, Brasil y Chile (el ABC), propuesto por Perón en el año 1951, de manera contemporánea con los primeros pasos hacia la unión que estaban dando los principales países de Europa, hubiera convertido a nuestra región en un poderoso bloque a nivel mundial, poseedor de gran variedad y abundancia de recursos naturales, con capacidad inmejorable para un alto desarrollo industrial, tecnológico y científico.

En el siglo XIX fue una potencia con profunda vocación de dominio y larga práctica imperial la que impidió que se concretara el sueño de la Patria Grande de San Martín y Bolívar. En colaboración con las oligarquías nativas, supo con inteligencia alentar guerras intestinas para dividirnos en débiles naciones fácilmente manejables, para ponerlas al servicio de sus intereses económicos.

Durante el siglo XX fueron los hijos y nietos de aquella oligarquía y un nuevo Imperio forjado al calor de la Segunda Guerra Mundial el que llevó al suicidio al presidente del Brasil Getulio Vargas y el que un año más tarde derrocó a Perón, impidiendo así la concreción del continentalismo sudamericano.

“El año 2000 nos encontrará Unidos o Dominados” había advertido Juan Perón en 1953.

Una larga historia de dictaduras, saqueo económico y endeudamiento externo que condicionó a los posteriores gobiernos democráticos, nos colocó en el umbral del año 2000 en la condición de territorio absolutamente dominado y en crisis.

¡Se acabó la historia! habían declarado las fuerzas victoriosas de la “Guerra Fría”.

Chávez, Lula, Néstor, Evo, Cristina, Mujica, Correa les respondieron: ¡Minga que se acabó la historia!

Y reverdecieron en los albores del nuevo siglo los ideales integradores de tantos patriotas latinoamericanos. UNASUR no fue tan sólo una sigla, era la firme intención de complementar economías regionales, crear un sistema financiero propio, desarrollar infraestructura para integrar nuestros territorios, profundizar en ciencia y tecnología y desde allí concretar una justa y sabia inserción en el mundo.

La valiente postura de nuestros presidentes al decirle “¡No al ALCA!” en octubre de 2005, logró poner histérico al Imperio.

Recordábamos ayer en la Cumbre de los Pueblos en Santa Fe la reacción de Condolezza Rice, por entonces Secretaria de Estado del presidente Bush:

Para que el sur del continente pueda ser asimilado, debe alejarse de Perón. Aquel demagogo, seminazi argentino llamado Perón”, manifestó en una reunión del senado norteamericano.

Habían transcurrido ya 31 años desde la muerte de Perón, sin embargo desde el gran Imperio estadounidense se insistía en acabar con la vida de un peronismo de ideales contagiosos, capaces de impedir la dominación absoluta y definitiva del continente.

La falta de consolidación de una fuerte alianza entre sectores nacionales y continentales que componen mayorías a lo largo de la primera década de este siglo, al igual que el debilitamiento de alianzas que contribuyeron al derrocamiento del peronismo a mediados del siglo pasado, no permitieron la consolidación y profundización de los proyectos nacionales y populares, frustrando el avance hacia la integración que podría hacernos auténticamente libres.

Hoy el escenario aparece nuevamente dominado por los personeros de una moderna desintegración para la dominación, sin embargo, cabe observar el especial esfuerzo que el Imperio pone -en línea con lo que Rice manifestara 14 años atrás- para que el Peronismo, encabezando un Frente Nacional, no recupere el gobierno en Argentina.

Resulta inédito el mandato de Donald Trump al FMI para que gire una cifra obscena de dólares que garanticen estabilidad al gobierno de Macri con la esperanza de asegurar su victoria electoral.

EL FMI puso la caja fuerte en Argentina para blindar a los empleados de la entrega con clave de seguridad para que el Peronismo no “asalte” el poder.

Es por eso que nuestro triunfo electoral y la reconstrucción de una fuerte alianza de mayorías, significa algo más que recuperar el gobierno en Argentina, representa la posibilidad cierta de retomar el camino serio de la integración continental y de una inserción en el mundo donde la dignidad de nuestros pueblos sea respetada.

Por la libertad de Lula, por Chávez, por Néstor, por Perón, Evita, Vargas, Joao Goulart, por la memoria de San Martín, Bolívar, Sucre y de todos los Libertadores de nuestra América.

Nuestra responsabilidad ineludible es la VICTORIA.

* Federación Gráfica Bonaerense / Corriente Federal de Trabajadores 

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