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ELECCIONES 2019 / Dos modelos de país en juego, futuro para todos o para unos pocos

 

Bandera-Argentina

Este 11 de agosto tendrá lugar el primes test electoral de cara a las elecciones definitivas de octubre. El destino de la Argentina, el lugar que le espera al movimiento obrero. 

Las elecciones primarias que se desarrollarán este domingo 11 de agosto comenzarán a configurar el escenario de la Argentina de los próximo años. Un país rumbo a la miseria planificada con Mauricio Macri como candidato a presidente u otro con la fórmula Fernández – Fernández donde, no sin dificultades, es posible pensar un mejor horizonte para las grandes mayorías.

Mauricio Macri, llegó a la presidencia con los puños llenos de esperanzadoras promesas incumplidas en modo sistemático. En realidad muchos advirtieron que esas promesas no eran más que apelaciones desde el marketing para persuadir a sectores del electorado que, en muchos casos, creyeron sinceramente que iban a vivir mejor. Los resultados están a la vista, una economía naufragando, el endeudamiento externo impagable, la baja en los salarios, la duplicación del desempleo, recorte en las jubilaciones y pensiones, el cierre masivo de pymes,  el empobrecimiento para millones de argentinos. Cuatro años más así serían insoportables.

Hay en disputa dos proyectos de país, una viejo debate nacional aún no saldado. El que propone el Frente de Todos con eje en la producción y el empleo, con un mercado interno robusto, con derechos sociales extendidos, con redistribución de la riqueza, con una mirada de protección de los intereses del país y conteniendo a las grandes mayorías.

Con Cambiemos, ahora rebautizado Unidos por el Cambio, se puede esperar más de lo que hemos vivido estos cuatro años. Un proyecto económico de salarios bajos, de fabulosos negocios para el sector financiero, de un modelo apoyado en el agro y la producción de energía en Vaca Muerta y apenas algún emprendimiento industrial en sectores donde existe ventaja comparativa. Un enclave neocolonial con un plan económico escrito en las oficinas del FMI en Washington con apenas una pequeña porción de argentinos que recibe los beneficios del modelo.

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EL ESCENARIO QUE ENFRENTARÁ EL MOVIMIENTO OBRERO

De ganar Mauricio Macri, hay que admitir que esta vez no le mintió al electorado de cuál es el camino que seguirá que no es más que profundizar lo hecho, “hacerlo más rápido” según sus palabras. Allí esperan la reforma laboral, la previsional, una acentuación del ajuste y un objetivo central, limitar el poder de acción de las organizaciones gremiales para disciplinar a los trabajadores e imponer condiciones de mayor flexibilidad y menores salarios.

Tras ganar legislativas de 2017, Cambiemos mostró abiertamente el camino a recorrer, sin artificios retóricos. Inmediatamente envió al Congreso una regresiva reforma laboral, la reforma previsional y el consenso fiscal. De la previsional y el consenso fiscal logró sanción con una salvaje represión callejera en diciembre de ese año. La reforma laboral quedó empantanada en medio del rechazo social y de la acción de un grupo de sindicatos dentro de los cuales estuvieron los que integran la Corriente Federal de Trabajadores, Camioneros y CTA de los Trabajadores.

Sin embargo, el proyecto quedó latente, es una asignatura pendiente que el Presidente le promete al FMI y a los empresarios más poderosos del país. Es prioridad número uno de obtener un triunfo que, por suerte, cada día parece más lejano.

El menú para la reforma laboral es: baja en las indemnizaciones por despido y reemplazo por un fondo de despido al estilo de los trabajadores de la construcción; habilitación para las tercerizaciones sin responsabilidad solidaria por parte de la empresa que subcontrata; la vuelta a las pasantías; creación de banco de horas para no pagar horas extras, la polifuncionalidad,  la promoción de los sindicatos por empresa y un intento de vaciar la capacidad de acción de los gremios.

Otra de las reformas estructurales por las que irá es una nueva Ley Previsional, afectar a los trabajadores pasivos. Ya hubo un cambio en la movilidad para calcular los ingresos que pese a las promesas de los funcionarios de que con la nueva fórmula estos no iban a perder frente a la inflación, por el contrario, los números indican que sólo en 2018 cayeron un 13%.

El plan es continuar ajustando al sector con medidas como la suba de la edad jubilatoria para varones y, especialmente las mujeres, el cambio del cálculo inicial, limitar las moratorias para ir hacia un esquema como el de las Pensión Universal para Adultos Mayores (PUAM). Para aquellos que no tienen los aportes correspondientes el camino es una pensión que representa 80% de una jubilación mínima ya de por sí baja y que no es heredable al cónyuge. A todo ello, el riesgo de volver al tipo de capitalización privada para promover fabulosos negocios al sector financiero.

Estos son apenas algunos de los aspectos en juego. El central es el futuro para millones de argentinos, vivir en un país que los contenga o en uno condenados a una vida miserable. En caso de ganar la fórmula Fernández – Fernández los problemas no se van a solucionar de modo mágico. La herencia esta vez es realmente pesada con un endeudamiento externo que se incrementó en forma exponencial que de no ser por el préstamo del Fondo Monetario Internacional Argentina ya hubiera entrado en default. En apenas dos años y medio, Macri pasó de tomar un país desendeudado a ponerse el país de sombrero saliendo a su rescate el FMI impulsado por los intereses geopolíticos de Estados Unidos.

Con un hipotético gobierno del Frente de Todos el escenario planteado está plagado de problemas, pero con la esperanza de comenzar a resolverlos y detener la caída libre en que Cambiemos ha sumergido al país. El endeudamiento externo será un gran condicionante a renegociar, así como la necesidad de recomponer salarios, jubilaciones y pensiones,  atender la crítica situación de las pymes y cooperativas reactivando el mercado interno, diseñar políticas para los sectores más postergados que hoy atraviesan una situación límite.  A largo plazo pensar un país que diversifique su matriz productiva, que agregue valor agregado a sus exportaciones, que logre el autoabastecimiento energético y que vaya construyendo los mecanismos necesarios para que períodos de crecimiento no terminen limitados por la restricción externa.

A diferencia de 2015, en esta oportunidad el movimiento obrero ha volcado su apoyo por enorme mayoría al Frente de Todos. Vale decir y recordar que la Corriente Federal de Trabajadores, formada en agosto de 2016, ha sido un espacio gremial  que desde su comienzo nació advirtiendo por el desastre social y económico que incubaban las políticas del macrismo. Cuando algunos decían que había que darle tiempo al macrismo, la Corriente Federal propuso un Programa de 27 Puntos con medidas de urgencia y otras de largo plazo para tener un país con producción nacional, con altos niveles de empleo, poniendo los recursos naturales al servicio del desarrollo nacional. 

La Corriente Federal fue un espacio con presencia en las manifestaciones callejeras, con solidaridad con aquellos trabajadores en lucha y que planteó la necesidad de discutir un proyecto de país con propuestas desde el movimiento obrero. Todo ello marcando una postura clara, disidente en muchos momentos,  pero sin fomentar divisiones en el movimiento obrero ni armar centrales paralelas que lo único que hacen es debilitar atomizar la capacidad de fuerza de los trabajadores y sus organizaciones. El tiempo demostró que el diagnóstico fue el acertado y la acción política siempre constructiva, tendiendo puentes y evitando la posición sectaria inconducente. 

Este domingo es la chance de comenzar a dejar atrás este enorme retroceso en la historia que significó el macrismo. A diferencia del 2015 y el 2017 hay una conciencia extendida de las consecuencias socioeconómicos que provoca del modelo que propone Cambiemos. En esas elecciones muchos trabajadores acompañaron con su voto a Macri, de no ser así no hubiera triunfado. Esta es la oportunidad de revertir ese camino, de que aquellos que nunca confiaron en las promesas de Cambiemos puedan ratificar ese voto y que los que sí lo hicieron en oportunidades pasadas le den la espalda a un modelo que ha dejado a muchos sin trabajo, que les ha bajado el salario, que busca quitarle derechos y  que les ha generado temor por el futuro.

Por ello, la única fórmula capaz y con voluntad de poder comenzar a revertir este presente es la de Alberto y Cristina detrás de la cual se configuró un entramado de apoyos y de sustentos que incluye gremios, sectores pymes y cooperativos, científicos, la comunidad educativa, intelectuales, artistas que entendieron que allí está el camino para comenzar a dar vuelta la nefasta experiencia macrista.  

LEONARDO MARTÍN 

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